Comunicación

Sábado, 20 Abril 2013 16:11

Los héroes de las calles

Por: Deyana Acosta Madiedo

Es común, durante el mes de julio, estar detenida en una bocacalle esperando que baje un arroyo. Si la lluvia nos topa en pleno espacio público, ojalá nadie nos esté esperando, porque la paciencia debe ser nuestro mejor aliado para evitar cualquier desastre. A veces, faltando a la inteligencia vial, creemos que por experiencia conocemos el nivel de la escorrentía y podremos esquivarla cruzando el arroyo a una velocidad y con un zigzag debidamente probado. Pero los cálculos pueden fallar, y Dios nos guarde si esto sucede.

Sábado, 20 Abril 2013 16:10

Se lo lleva la corriente

Por: Deyana Acosta M.

Penoso que en ésta, la ciudad de las oportunidades, en pleno siglo XXI, los desenfrenados arroyos arranquen bebés de brazos y hagan desaparecer a jóvenes y adultos de la faz de la tierra, depositándolos en los caños, donde de no existir Manolo, ‘el buscador submarino’, esos cuerpos jamás se encontrarían. Este grave problema de los arroyos no sólo es de Barranquilla, también lo es de Soledad y Malambo, ubicados todos en el delta del Río Magdalena, donde van a parar todas esas escorrentías, falda abajo hasta la desembocadura. Como es natural, y la naturaleza es sabia: el agua busca su salida.

Sábado, 20 Abril 2013 16:10

Cien años en el mismo arroyo

Por: Diego Marín Contreras

Cada año, cuando llega el invierno, el arroyo arrasa con doscientas o más viviendas, y se declaran damnificados a quienes ya lo eran antes de que cayera el aguacero, o sino, ¿cómo se puede llamar al que corre inmerso en las aguas turbulentas detrás del colchón y los chécheres, cuando no del hijo más pequeño que se está ahogando? Cada año, cuando llega el invierno, hay niños que mueren bajo las aguas de la indiferencia. Cada año, cuando llega el invierno, los gobernantes de turno –no importan sus nombres, ¿quién ha dicho que la historia de una ciudad tiene algo que ver con los nombres de sus alcaldes?–, decretan una falacia lógica, un sofisma de distracción llamado ‘Emergencia Invernal’

Sábado, 20 Abril 2013 16:09

No es llover sobre mojado

Editorial: El Heraldo



Volver a decir lo mismo es, literalmente, llover inoficiosamente sobre mojado. Pero hay que decirlo, reiterarlo, gritarlo a los cuatro vientos, no conformarnos a que Barranquilla sea una pobre ciudad desguarnecida ante la furia de un invierno inusual. Tras un verano que se antojaba demasiado largo, ha llegado un invierno furibundo e impetuoso, que no parece tener deseos de calmarse.

Sábado, 20 Abril 2013 16:08

Barranquinecia

Por:Antonio Silvera Arenas

Un particular método de evaluación, surgido en el campo de la administración de empresas, acaso para amortiguar las falencias humanas, no sé si por un magnánimo altruismo o porque, sencillamente, es necesario mantener a los clientes del mercado, es el llamado DOFA. Sigla ésta que reúne cuatro categorías en aras de garantizar, para tan delicado menester, un preciso equilibrio: Debilidades, Oportunidades, Fortalezas y Amenazas.

Por: Alfredo de la Espriella


Aunque parezca exagerado, todos los habitantes de esta urbe “procera e inmortal” sabemos que los arroyos barranquilleros son “ceñidos de agua y madurados al sol” colosales, para alquilar balcones. Nuestros arroyos bajan con una fuerza hidráulica diabólica. Arrastrando cuanto encuentran a su paso, más lo que le arrojan, alegremente, las comadres del pueblo como si fuera el carro de la basura municipal.

Por: Alfredo de la Espriella


Los arroyos, siempre, como el carnaval, tienen su temporada y forman parte del folclor nativo. Y, como nuestras fiestas típicas y escandalosas, hacen de las suyas, con la misma bulla cada vez que llegan las lluvias — pequeños “ivanes” — que azotan sin cuartel, nuestra desprotegida ciudad, en tiempos pluviosos, como periódicamente se repiten desde julio hasta octubre. Espectáculo que, a muchos turistas fascina; pues, en sus tierras, no ven semejantes caudales paralizando calles, tráfico y asustando a la población con imponentes olas, como “amazonas” desbordados.

Quiérase o no, el hombre es un ser más o menos indefenso ante las fuerzas de la naturaleza, muy pocos de cuyos grandes, devastadores golpes pueden prevenirse ni siquiera en casos como el de la Falla de San Andrés, en el estado de California, Estados Unidos, en donde se presume científicamente como inevitable el devastador terremoto que provocará el choque de las plataformas tectónicas. Tornados y huracanes con su secuela de inundaciones devastan periódicamente extensas regiones del mundo, como acaba de suceder en el Norte de Europa, pese a las previsiones de los meteorólogos de esos países desarrollados que estamos acostumbrados a considerar precavidos contra esos fenómenos

Llegaron las lluvias y con ellas los problemas. Los arroyos que cruzan la ciudad y que más que torrentes encajonados parecen prolongación del río Magdalena, paralizan el tránsito de vehículos y peatones, las ventas del comercio, la ciudad toda, además de que representan peligro inminente para el desprevenido transeúnte que caiga en ellos. La experiencia sobre el particular es larga y dolorosa. Como que aún la sociedad lamenta la trágica desaparición de valiosas unidades de su seno, que encontraron la muerte en medio de las turbulentas aguas de los arroyos. En los barrios pobres, donde habitan las gentes de los bajos ingresos, la situación es más dramática. Y anoche mismo las autoridades se encontraban afrontando el problema de más de doscientos personas que perdieron sus pocos haberes durante la violenta inundación de Siape y sectores aledaños.

Por: Mauricio Herrera Piñeres, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Si bien es cierto que Barranquilla no es la única ciudad del país ni del mundo que presenta problemas de inundaciones durante la época invernal, – vale la pena recordar el reciente caso de inundación extrema en el norte de Bogota, cerca a la quebrada El Virrey – resulta alarmante, que año tras año se sigan presentando cuantiosas perdidas humanas y económicas con la llegada de los arroyos. Es imperativo que la ciudad cuente con un plan técnico, financiero y político cuyo objetivo final sea disminuir o eliminar el torrencial cauce de las corrientes barranquilleras.

Por: Moisés Pineda Salazar

La visión que se posea del territorio, determina la comprensión de los problemas que se originan o se desarrollan en su contexto físico. El siguiente caso me permite ilustrar la idea:

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