Martes, 31 Marzo 2015 03:17

Los arroyos de Barranquilla: el eterno drama urbano

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* Helkin Alberto Núñez Cabarcas
Funcionario Archivo Histórico del Atlántico

Desde los inicios de esta urbe como asentamiento urbano, y una vez desarrollada su topografía en forma primitiva por estos caudales, se definieron las principales avenidas pluviales. Su acelerado desarrollo como puerto marítimo y fluvial la hacen más dinámica urbanísticamente, pero los grandes períodos de lluvias la obligaban a estar incomunicada sectorialmente. El problema se agudiza cuando el proceso de pavimentación de las calles se convierte en un desencadenante de la alta velocidad de sus corrientes hasta convertirse hoy en día en un fenómeno prácticamente incontrolable.


Desde los años veinte, cuando se estima se tomó esta primera foto (Archivo EL HERALDO), la ciudad ha convivido con los arroyos.

Muchos de estos arroyos peligrosos provenían de la parte alta del viejo camino de Soledad, los cuales bajaban en su curso natural hasta las inmediaciones de la parte baja de las Barrancas de San Nicolás, concretamente en la Plaza de la Tenería, en terrenos conocidos hoy con el nombre de La Loma, formados precisamente por el arrastre continuo durante años de arena, escombros y basuras, lo que originó la morfología irregular en como está distribuida la ciudad en su sector histórico. La ciudad con sus calles y carreras sin pavimentar no visionaba el peligro urbano de estas corrientes pluviales ya que las condiciones naturales de su suelo arenoso facilitaban en principio la alta capacidad de filtración de estas corrientes en épocas de lluvias intensas. Solo que las arenas sueltas de sus calles, razón por la cual se ganó el nombre de la Arenosa, complicaban su precaria movilidad de entonces debido a las grandes nubes de polvo que la brisa barranquillera levantaba en las calles y por los extensos arenales que hacían que aquellos primeros automóviles marca Reo de entonces quedaran atascados en cualquier parte.

Para 1920 la preocupación por controlar este tipo de procesos en las diferentes épocas llevó al Concejo Municipal, por intermedio de la Junta de Fomento, contratar una empresa extranjera para que hiciera los respectivos estudios referentes a los desagües, nivelación y pavimentación de sus principales avenidas. Es la firma R.W. Herbard y Co., establecida en Nueva York, la encargada de dar las primeras recomendaciones para el control de las aguas lluvias y pavimentación de vías, que además incorporó a dicho estudio la instalación de colectores de alcantarillado pluvial. Para la década de los 60 se establece un Plan Regulador que contemplaba la canalización de algunos arroyos. La firma Greeley and Hansen, de Chicago, ayuda a solucionar el sistema de acueducto y alcantarillado. Se canalizan los arroyos de Rebolo y Felicidad, bajo la coordinación del Ministerio de Obras Públicas, y le siguen varios arroyos más en forma gradual tales como La Paz, Bolívar, y el del Hospital. En fin, la pavimentación aceleró el caos urbano de la ciudad.

En 1983, la Sociedad Colombiana de Arquitectos, concretamente los ingenieros Arzuza presentaron ante el Concejo Municipal un proyecto para los arroyos de la ciudad mediante el sistema llamado de “canales invertidos de concreto estructural prefabricado”, cuyo financiamiento valía 4.000 millones de pesos, los cuales, según el plan de recaudo, pagaría el barranquillero por contribución obligatoria del servicio de agua a una tasa porcentual del uno por mil.

Expertos japoneses visitan la ciudad en 1987 y entregan el proyecto más completo que se haya realizado al respecto, basado en un completo estudio de drenaje urbano; fue así como la Agencia de Cooperación Internacional de la Misión Japonesa, Jica, presentó dos planes a consideración del Municipio, incorporando al área metropolitana: un Plan Maestro de Transporte y un Estudio de Factibilidad para el Distrito de Barranquilla. Este comprendía la solución al problema del alcantarillado pluvial, al igual que unas recomendaciones para instalación de cunetas, canalización de vías (box culverts), mejoramiento en los puntos críticos entre calles (17, 45, 47, 84) y carreras (21, 38, 46, 51B, 54).

Los estudio de Fonade-Hidroestudios y Concep Ltda, en 1997, entregaban a la ciudad una propuesta de prevención futura que dejaba como resultados un problema de estructura urbana mal planificada y con un saneamiento de arroyos sin apoyo financiero. Hoy por hoy, en medio de sus sofisticados proyectos de inversión, de competitividad globalizada, de crecimiento urbano, etc., esta ciudad sigue enfrentada sin soluciones a serios problemas urbanos y humanos que desencadena el fenómeno de sus arroyos callejeros en épocas de lluvia, con casos como los del Don Juan, Rebolo, El Salao, Felicidad y otros que siguen arrastrando con sus fuertes caudales la gran masa de sedimento urbano que encuentra en sus grandes recorridos naturales.

El proceso natural de lluvias permanentes, la posición topográfica y geomorfológica de Curramba ante una realidad latente como no tener un alcantarillado pluvial, empujado al acelerado desarrollo urbanístico sin planificación, ponen de manifiesto que la magnitud de los daños futuros a su infraestructura física, redes de servicios, actividad comercial e industrial, accidentes y daños ambientales seguirán siendo vigentes ante los embates de la naturaleza…

Fuente: Latitud

Visto 362 veces Modificado por última vez en Martes, 31 Marzo 2015 03:30

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